viernes, 8 de octubre de 2010

Una familia es como una silla: le quitas una pata y se cae. Supongo que entonces eso hace que seas de mi familia.

Ni siquiera me había dado cuenta estos días de lo que me pasaba. Me sentía feliz y fuerte. Preparada para lo que me espera. Pero estaba contigo.

Has torcido la esquina, alejándote de mí y ha sido como si un fantasma se llevase mi fuerza.

No era que estuviese haciendo como si nada... era que estabas a mi lado sujetándome y eso me ha dado la energía para aguantar la semana y no derrumbarme en ningún momento.

Y yo sin darme cuenta.

Ayer le decía a Cormac que era muy afortunada, que me lo repito cada día al levantarme para que no me falten las fuerzas para seguir ni las sonrisas para regalar. Y es que sí que lo soy... podría irme todo mal pero sólo el hecho de tenerte a mi lado, me hace ser la más afortunada del mundo.

Nunca me perdonaré los errores que cometí, el daño que te he hecho. Y lo peor es que ni siquiera creo que pueda nunca sanarlos. Te debo tanto... gracias por estos días. Gracias por estos años.

¿Mochileras? dime cuando y donde, que contigo yo firmo al fin del mundo.

martes, 14 de septiembre de 2010

E lo vorrei

En primer lugar, aviso de que pasado mañana puede que no comparta ya la misma opinión. Es lo que tiene guiarse por los sentimientos.

Desearía esconderme ahora mismo en un bosque de cipreses, y escuchar el viento acariciando sus hojas y el sonido del quejido de sus ramas. Y desearía no parar de viajar pero tener siempre, en el mismo lugar, un hogar al que volver junto a ti, con una hoguera que encender en invierno, una manta para tumbarnos en el suelo, velas, champagne y un piano de cola al fondo, en un salón grande y luminoso. Y permanecer en silencio para oir tu respiración. O escucharnos, y hablar y hablar y hablar... y no avergonzarme de demostrarte lo que siento contigo cuando estoy feliz o cuando me siento triste o dolida por lo que hiciste, ser valiente y llorar si lo necesito, sin miedo a que me contestes algo que me hunda más en la miseria y con la fortaleza suficiente para no permitirlo.

Estoy condenada de por vida. Un amigo hoy me preguntaba qué me pasaba, qué problema tenía. Yo, sin pararme a pensar, le he contestado que mi problema es y será siempre que siento demasiado. Más tarde, me he parado a analizar lo que he dicho, y me he dado cuenta de hasta qué punto tenía razón yo misma, y ni siquiera era consciente de ello.

A veces, odio sentir. Otras, creo que soy muy afortunada por ello. A veces, es lo que me da la fuerza. Otras, me la roba tan fácil y rápidamente como un niño acepta un caramelo...y por más que le digan que no se aceptan caramelos de desconocidos, lo vuelve a hacer.

Me das la vida y la muerte en vida. La felicidad y la tristeza en la felicidad. La risa y el llanto. La fortaleza y la debilidad. El bienestar y el dolor. Como dice la canción: una de cal y otra de arena.

Ayer me diste el mundo y hoy me lo has quitado. Y a mí sólo me queda "entenderte" porque la otra opción es perderte poco a poco... y yo, en cambio, no veo un mañana sin ti. Nunca había conocido a alguien capaz de dar todo por una persona un día y, al día siguiente, pensar que es mejor no quererse tanto, para sufrir menos mañana. ¿Qué inútil forma es esa de amar?

El día que existan límites en el amor, espero haber muerto.

Desde aquí, cuando necesito recuperar fuerzas, sentirme acompañada, un abrazo, etc. cojo "mi collar" y lo apreto fuerte o admiro el regalo que recibí de una de las personas más interesantes que he conocido nunca...

Y, a la cual, le debo mil disculpas y mil gracias.

che l' oggi restasse oggi senza domani
o domani potesse tendere all' infinito

e lo vorrei
perchè non sono quando non ci sei
e resto solo coi pensieri miei ed io...

jueves, 2 de septiembre de 2010

Sad, but no reason

¡Ey!

¿Os suenan esos días en los que, en realidad, todo va bien, no os podéis quejar: la familia bien, los amigos (los que importan) bien, tenéis a un él/ella que os quiere... pero vosotros no estáis bien?

Yo estoy en esos días.

Todo va bien, tengo suerte: mi familia está bien, mi par de amigos importantes también, mi persona importante me quiere… Y, sin embargo, yo no lo estoy. Pero no consigo encontrar la razón. ¿Cómo voy a decir que no estoy bien si ni siquiera yo sé lo que me pasa?

Sé que es una de esas rachas en las que se está más baja de moral, por lo que sea o por ninguna razón. Pero me da rabia, parezco una desagradecida, y no es así.

Pero me apetece llorar. Probablemente, la causa sea sólo que, al estar lejos de toda mi gente, echo en falta el cariño diario que me brindan. Lo que pasa que, si lo pienso, en realidad, todos (mm o casi todos) y cada uno de ellos están al otro lado del ordenador siempre que pueden para mandarme besos y abrazos y preocuparse por mí, ¡y yo lo agradezco con ganas!

Pero, aún así, yo quiero más.

Quiero más de ti.

¿Cómo explicarlo si sé que te desvives por mí? No lo sé… pero es así como me siento… me siento a falta de ti, necesito más.

Y, en un ataque de rebeldía de niñata quinceañera me encantaría mandarte a la mierda, decirte que no quiero hablar contigo hoy, que hoy es a ti al último que quiero escuchar… única y exclusivamente para que te quedes, me des el coñazo y se vea que luchas por mí…

Qué tonterías… cuando, en realidad, lo único que me pasa es que te quiero y te necesito tanto que, si no estás a mi lado, me canso de respirar.

domingo, 18 de julio de 2010

It hurts

Duele. Pasan los segundos y aumenta la distancia. Mi corazón lo nota y me devuelve, vengándose, punzadas de dolor. Se ha ido. En ese dichoso tren. Y mañana me toca a mí. En ese dichoso avión. Malditos. ¡Qué se habrán creído estos avanzados medios de transporte, que pretenden separar en segundos almas unidas hasta romper sus corazones! No hay derecho, la distancia no debería ser capaz de romper almas forjadas.
Han de pasar semanas hasta volver a verle, qué será de mí. Qué será a la vuelta. Qué me encontraré. Qué estará dispuesto a darme aún. No se merece el dolor de la distancia...
No llores mi amor. Volveré. Volveré y te buscaré entre la gente. Entre toda la muchedumbre. Y te encontraré porque te encontraría con los ojos cerrados, por tu olor o por tus cálidos besos.
Nos vamos cada uno para un lado, kilómetros y kilómetros se interpondrán en unas horas. Y a mí me falta el aire, pero no llores mi amor porque volveré y estaré encantada de tirarme a tus brazos.

martes, 22 de junio de 2010

Como dos desconocidos

Tenía toda la pinta de ser un divertido día de compras entre dos amigas y se ha tornado finalmente en un profundo dolor de cabeza.
Y de corazón.
Lo único bueno de hoy ha sido la compañía, pero, llegada la despedida, las nubes no han aguantado más la tormenta y han decidido soltar su ira: y yo estaba debajo.
La imbécil he sido yo por esperar que un abrazo o un simple beso (que, por cierto, no ha llegado nunca) de la persona adecuada, me ayudase a superar el resto del día. Y ZaS.
En estas situaciones y hace tiempo, yo solía hacer una de dos: pasear y hablar de nada en especial con mi fiel amiga o acudir a mi mejor amigo. Debido a que ella está a unos cuantos kilómetros de distancia y a que él ya no está, me derrumbo sola.
Pero esto se suponía que no tendría que ser así. En algún papel invisible yo creí que había firmado (con mi persona adecuada) los acuerdos de una relación: decírnoslo todo pero apoyarnos incondicionalmente.
Y, sin embargo, hoy, tras haber acudido a ti después de un pesado día, me siento sola, atrapada, cansada y dolida.
Odio estar rodeada de gente y al mismo tiempo sentir la soledad en mi corazón.
Mas tú, hoy, vida mía, te has lucido: te digo que tengo un día malo y necesito estar contigo y el camarero de un bar podría haber sido más comprensivo.
Lo último que esperaba era una "no despedida" con mi huida entre lágrimas.
Hemos sido como dos desconocidos. Un aplauso.
No sé qué es lo que más me duele de todo.
Me pregunto qué pasará cuando te mire otra vez a los ojos.
Hoy, cariño, ya no quiero ni que me toquen.
Y la culpa no es tuya, amor, es mía y del aire.
Y de mis sentimientos y mi corazón.
De la cabeza y la razón.
De las despedidas pasadas y venidas.
Del echar de menos.
De las lágrimas que derramo y de las que no.
Del miedo, del olvido y del amor.
De la fuerza y la debilidad.
De los días, los meses y la vida.
Del cariño que damos y que nos falta aún por dar.
Y de un rubio de ojos azules cobarde e infantil que me abandonó.
Al cual quiero con locura aún. Mi gran amigo. Qué dolor y desgracia quererte tanto.

viernes, 28 de mayo de 2010

Lo fuiste todo. Ya no eres nada

Hace tiempo, pensando en ti, escribí:
"Nunca me iré de tu lado, por mucho que te empeñes o se tuerzan las cosas. Y no es la típica promesa que todo el mundo rompe. Sólo permitiré que te vayas cuando sean tus ojos o tu corazón los que me lo pidan, no tus labios".
No siento que esté rompiendo la promesa porque has sido tú quien lo ha pedido, finalmente. Ha llegado ese momento. Me voy. Y te dedico un adiós eterno. El único adiós que te mereces, por todo lo vivido.
Probablemente no nos separe la distancia o el tiempo, porque no es de eso de lo que me despido. Entre tú y yo se ha roto ese hilo de seda invisible que nos mantenía unidos frente a todo. Y tú lo has roto. Es a esa unión a la que le digo adiós. Seguirás en mi vida, es inevitable, pero habiendo separado el lazo invisible, ya nada de esto es importante para mí. Tú me has dicho adiós.
No quiero verte. No quiero oírte. No quiero olerte. No quiero.
Rompo contigo.
Lo eras todo y no eres nada.
Me usaste hasta que te vino bien y me rechazaste.
Me echaste y me hundiste. Y ahora, como no te viene tan mal y el dolor en ti ha desaparecido, vienes a recuperar tu papel en mi vida. ¡Qué cara más dura! Pero has pasado por alto que, tratando de curar tu corazón, dañaste el mío.
Débil y cobarde. No lo retiro.
Mi corazón no se puede doblar, es de los que se rompen. Saliste de mi vida dejándome desamparada. No vuelvas ahora porque tú te sientas mejor. También te necesité antes y no estuviste. No intentes cumplir un papel que tú mismo has quemado.
Nuestro pasado común es sólo un pasado. No un hay presente. No un hay futuro. No conmigo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Día X3

¿Dónde estás?
¿Dónde estás cuando te necesito? Te busco y no estás. Necesito hablar. O llorar. Reír a carcajadas. O simplemente estar en silencio y, entre miradas, que respetes mi mutismo por el placer de mi compañía y no me interrumpas. Que me mires si lo necesitas pero no me agobies con tus estúpidas preguntas. Que te limites a esperar conmigo hasta que se pase la tormenta, si es lo que necesito; o me levantes a empujones si es encesario para obligarme a luchar. Que vuelvas a ser mi apoyo. Que te comportes como el mejor amigo que un día decidiste ser. Que te arranques el corazón y me mires con ojos llenos de ternura y sin pasión, sin ganas de besarme.
¿Dónde estás?
Te necesito. Te echo de menos. Tengo tanto que contarte y que callarte...
La Gran Vía está vacía.