sábado, 11 de octubre de 2008

Amor omnia vinci

"El amor lo puede todo".

No sé si puede convertirse en mi lema o en mi perdición. La puta frasecita me viene al pego. Y estoy más que arta.

¿Por qué no puedo ser más normal? ¿Por qué no puedo enamorarme de un chico que me quiera y punto? Sólo me busco complicaciones. Tengo que ir detrás de amores imposibles o prohibidos, y como, para mí, el amor lo puede todo me joderé una y otra vez.

Me gustaría asegurarme de no meter la pata una vez más. Me gustaría arrancarle de mis pensamientos y mantener la amistad y hacer como si nunca hubiese deseado sus caricias mientras fijaba sus grandes ojos azules sobre mí. Me gustaría no sentir que quiero besarle cada vez que estoy con él. Me gustaría no ser la típica chica a la que le comen los celos cuando veo que mira a otra, que come con otra, que habla con otra, que queda con otra, que está con otra que no soy yo. Me gustaría que supiese lo que siento y al mismo tiempo que nunca se enterase de nada.

Y, esta noche, me gustaría haber podido dormir en lugar de haber pasado la noche en vela, en el sofá, pensando que él estaba durmiendo en el mismo sitio en el que lo hago yo cada día y donde no coincidiremos nunca, aunque me duela, aunque tenga que aguantar hasta que se me pase la tontería o hasta que pueda olviarte y "statu quo". O, por lo menos, hasta que aprenda a vivir con ello, como estoy destinada a hacer siempre: queriendo con el corazón abierto y la boca cerrada. Porque no. Porque a él no puedo perderle.

Me importas demasiado.

martes, 19 de agosto de 2008

A tres metros del cielo

¿Nunca os habéis sentido así? De repente cierras los ojos y estás ahí, flotando.

Tus pies se separan del suelo.
Desconoces a qué altura asciendes.
Sientes el cosquilleo y el viento rozandote.
Te concentras.
Puedes escuchar tu respiración.
Parece que estás dentro de ti misma.
Te conoces más.
Te sientes más.
Sientes cada parte de tu cuerpo.
Cada poro de tu piel.
El viento te roza.
Agita sensiblemente tu cabello.
Te acaricia sensualmente.
En ese momento no existe nada más que lo que estas viviendo tú.
Es un viaje gratuito, con destino imaginario. Unas vacaciones personales que puedes tomarte en cualquier momento.
Sólo tienen una pega, debes sentirte con fuerzas para hacerlo: a tres metros del cielo, jugando con las nubes, haciéndolas mías y acompañada de quien me apetezca.

Hoy me apetece volar. Tomarme esas vacaciones. Pero no paro de perder el avión. No llego a tiempo a ninguno. Necesito flotar y llegar hasta las nubes, y subirme a ellas, y jugar con ellas. Pero no puedo.

martes, 22 de julio de 2008

13/07/2008

13/07/2008
Academia general del aire. San Javier.

Siento cómo se despierta en mí la sensación de aproximarse una batalla que, tal vez, se me eche encima. Sin bombas ni armas, pero no deja de ser una guerra interior que se exterioriza de la más absurda de las maneras: morros y mala cara, como cuando de peque te obligaban a comerte el plato de pescado que tanto has detestado siempre, sólo que esta vez tengo unos cuantos años más y estoy comiendo macarrones mientras observo cómo un príncipe (que empieza a desteñirme) mira de reojo a una nueva princesa y a mí, cenicienta que se come los marrones (no macarrones, que ya ni me entran) y aguanta los golpes, no para de recordarme lo poco que le gusto, lo que se arrepiente por besarme o la mala cara que tengo.
Pues no. Lo que no tengo es ganas de luchar. Y menos por él. Esta sensación me vuelve negativa y pesimista, y creo que empieza a cansarme.

El himno de España, imágenes y vuelos acrobáticos de aviones preciosos. Miro. Sonrisas entre ellos. Hablan y se ríen sin parar. Conmigo no. Yo no soy tan interesante.

Ya no.

Sólo soy una persona demasiado buena que necesita un marido que le de hijos, ¿no? Y punto, ya lo ha decidido él por mí. O dejo que así sea o me vuelvo la mala del cuento y mato al príncipe desteñido.


Qué tontería, sigo sintiéndome incapaz.

Me pido mejor desaparecer, total me olvidará pronto, se le da bien, en un parpadeo. Así soy yo, me voy sin dejar rastro.

martes, 1 de julio de 2008

Hay tormenta en mí

Desconozco a qué altura me encuentro pero observo a un Madrid dormido inconsciente de las primeras lágrimas causadas por una tormenta de lluvia que parece que no se decide a descansar por un tiempo. Los truenos juegan a su antojo sobre nuestras cabezas y sólo, de ven cuando, me dejan disfrutar de un momento de felicidad y tranquilidad. Está claro que la cosa se simplifica a ellos o a mí. o yo soy feliz y ellos actúan de vez en cuando (todo hay que respetarlo) o ellos hacen lo que les da la gana y yo, por su culpa, derramo lágrimas y dolor apoyada en una roca gritando en silencio a ese Madrid dormido que se niega a sonreírme y espera despertar mañana para vivir un día más y punto y seguido. Pues qué asco, creo que ya se han decidido. Bueno, ésta será mi roca, esos mis árboles y esto, todo esto será mi vista privada. Así soportaré la tormenta.

jueves, 26 de junio de 2008

Así estamos...

¿No os ha pasado alguna vez que tienes tantas cosas que quieres gritar dentro de ti, tan harta de algo o de todo, que no sabes ni hablar, ni por dónde empezar, ni cómo decirlo? Seguro que sí. Así me encuentro yo ahora mismo. Con tanto que decir que no puedo ni hablar. Y estaría genial si todo lo que quisiese decir fuera bueno, rebosaría y contagiaría alegría como siempre hago. Pero no es así. Estoy en un punto en el que mi bondad y mi paciencia se han unido en el límite y, como no puedo ni sé cómo hacerlo, sólo me queda el desahogo de la vía rápida, la triste y la fácil.

¿ Y sabes lo que te pasa a ti? Que no tienes valor, estás acojonado, no sabes enfrentarte a nada que desequilibre tu seguridad, necesitas tener todo bajo control y bajo tus órdenes, estás ciego, no ves, no me ves. Criticas mis defectos una y otra vez hasta que me haces daño y no lo sabes. No sabes agradecer lo que tienes. No sabes tratarme. No sabes mirarme. No sabes tocarme. No sabes quererme. No sabes nada. Sólo sabes todo en esos instantes en los que, sin decirlo, reconoces que me quieres. ¿Y sabes lo que me pasa a mí? Que ya no soy fuerte. He perdido toda mi seguridad y me da igual. La soledad me asusta. Tengo miedo. Intento construir unos pilares sin preparar antes una base sólida que los aguante. Me saca de mis casillas que sólo te preocupes por ser "líder", que sólo sea eso lo que te importe, que pases de todo y pases de mí, que te hagas el duro y que no me calles con tus besos. Tú te consideras un espíritu libre, crees que yendo a tu puta bola evitarás el miedo que un día me contaste que tenías.

Y te odio por eso.


Y yo, vaya donde vaya, sin importar el lugar en el que intente esconderme, seguiré tropezando conmigo misma, con esta nueva yo que tanto odio y que tan distinta es de quien un día fui. Incapaz de amar y ser amada.



Y me odio por eso.


viernes, 13 de junio de 2008

No sé

Cada día con él es especial. Puede ser perfecto o un completo desastre. Distintos todos.
No sé como va a ser,
no sé lo que vamos a hacer,
no sé lo que me voy a encontrar,
no sé donde voy a acabar,
no sé si vamos a descubrir un nuevo lugar,
no sé si volveré a tumbarme en aquellas rocas,
no sé ni siquiera donde voy a dormir,
ni de qué vamos a hablar,
ni si va a ser agradable o no,
ni si va a estar rayado o no,
ni si voy a estar rayada yo,
ni si me va a besar o no o si voy a quererle besar yo,
ni si quiera sé si ese nudo que se pone en la tripa cuando te besa quien quieres seguirá ahí o me acostumbré a él o si es posible, tras un nuevo roce de sus labios, descubrir que ya no es especial o todo lo contrario,
ni si volveré a verle mañana o se acabe al despedirnos...
A veces siento que cada día estoy con una persona distinta, que no sé cual me tocará hoy. Me asusta el día que me saluda con dos besos al verme, porque entonces mal vamos: me tocó al frío.
Pero lo que sí sé es que no me he equivocado con él, que tenía que conocerle. Que, a veces, hay cosas que tienen que salir mal aunque uno no quiera, porque tal vez a cambio obtenemos un regalo. Hay algo en él que le hace especial y que me engatusa.
Cada día puedo aprender de él o a su consta. Es alguien que, en poco tiempo, me ha recordado todo lo que olvidé de mí y me ayuda a sacar lo bueno que tengo. Me recuerda cada día lo malo, pero nunca se olvida de enseñarme a hacerme valer y lo bello de saber luchar. Me haces sentir bien, pero también me hace sentir mal.

Don't let me go, Leti.
Tú a mí tampoco.


Pase lo que pase y sea lo que sea, sólo espero no perderle nunca.

domingo, 8 de junio de 2008

Un último baile

Supongo que tienes razón. No sé por qué lo hice, lo necesitaba, pero no es suficiente. Nunca es suficiente. Enterrar el tema no vendría nada mal. Pero la idea de compartir el último baile del que hablaba no se va de mi cabeza, ni siquiera en sueños.
No es fácil. No para mí.