jueves, 6 de noviembre de 2008
Imaginando también se disfruta
viernes, 24 de octubre de 2008
Noches de tormenta
Todo el mundo merece una segunda oportunidad (o algo así decía la peli), y yo no me la he dado aún.
Vivo el presente contemplando fotos amarillas: en una piscina (y un beso) o en un sofá (entre caricias), en una roca (con timidez) ... Y pasa el tiempo y esas fotos evolucionan cada vez más rápido. Cada vez ese pasado está más lejos y sus sujetos más separados y la espera, por mi parte, no puede ser eterna.
Hay errores que se pagan demasiado caro y yo ya he tenido mi paga extra. Los intereses no paran de aumentar y con esta dichosa crisis yo ya no sé qué hacer.
A veces pienso que seré vieja y todavía no habré recuperado la pequeña parte del músculo rojizo que entregué, pero supongo que ya me habré acostumbrado a ello. Día tras día, me doy cuenta de que, sin saber ya nada de ti, aún mi vida gira a tu alrededor.
Y cometo un fallo, y otro, y otro, y otro...porque me turbias la mirada y ya no puedo ver.
Y de repente aparece mi Richard Gere como algo inesperado, curioso, interesante, que levanta mi inspiración. Pero vuelvo a pensar y entonces todo se torna oscuro, triste e imposible porque me he dado cuenta de que, aunque hay cosas que son mejor hablarlas, hay otras que tenemos que dejar pasar, aunque me duela el alma o aunque se convierta en una lluvia que aumente con los días, meses y años. Aunque llueva eternamente, hasta que yo me haya convertido en una vieja que mira su futuro en las fotos amarillas del pasado, que no se atrevió a cometer más errores y que fue perdiendo trocitos de corazón por el camino, por entregarlos y no pedirlos.
O también puede que deje de llover algún día y salga el sol, y que la siguiente lluvia me sea correspondida.
martes, 14 de octubre de 2008
sábado, 11 de octubre de 2008
Amor omnia vinci
No sé si puede convertirse en mi lema o en mi perdición. La puta frasecita me viene al pego. Y estoy más que arta.
¿Por qué no puedo ser más normal? ¿Por qué no puedo enamorarme de un chico que me quiera y punto? Sólo me busco complicaciones. Tengo que ir detrás de amores imposibles o prohibidos, y como, para mí, el amor lo puede todo me joderé una y otra vez.
Me gustaría asegurarme de no meter la pata una vez más. Me gustaría arrancarle de mis pensamientos y mantener la amistad y hacer como si nunca hubiese deseado sus caricias mientras fijaba sus grandes ojos azules sobre mí. Me gustaría no sentir que quiero besarle cada vez que estoy con él. Me gustaría no ser la típica chica a la que le comen los celos cuando veo que mira a otra, que come con otra, que habla con otra, que queda con otra, que está con otra que no soy yo. Me gustaría que supiese lo que siento y al mismo tiempo que nunca se enterase de nada.
Y, esta noche, me gustaría haber podido dormir en lugar de haber pasado la noche en vela, en el sofá, pensando que él estaba durmiendo en el mismo sitio en el que lo hago yo cada día y donde no coincidiremos nunca, aunque me duela, aunque tenga que aguantar hasta que se me pase la tontería o hasta que pueda olviarte y "statu quo". O, por lo menos, hasta que aprenda a vivir con ello, como estoy destinada a hacer siempre: queriendo con el corazón abierto y la boca cerrada. Porque no. Porque a él no puedo perderle.
Me importas demasiado.
martes, 19 de agosto de 2008
A tres metros del cielo
Tus pies se separan del suelo.
Desconoces a qué altura asciendes.
Sientes el cosquilleo y el viento rozandote.
Te concentras.
Puedes escuchar tu respiración.
Parece que estás dentro de ti misma.
Te conoces más.
Te sientes más.
Sientes cada parte de tu cuerpo.
Cada poro de tu piel.
El viento te roza.
Agita sensiblemente tu cabello.
Te acaricia sensualmente.
En ese momento no existe nada más que lo que estas viviendo tú.
Es un viaje gratuito, con destino imaginario. Unas vacaciones personales que puedes tomarte en cualquier momento.
Sólo tienen una pega, debes sentirte con fuerzas para hacerlo: a tres metros del cielo, jugando con las nubes, haciéndolas mías y acompañada de quien me apetezca.
Hoy me apetece volar. Tomarme esas vacaciones. Pero no paro de perder el avión. No llego a tiempo a ninguno. Necesito flotar y llegar hasta las nubes, y subirme a ellas, y jugar con ellas. Pero no puedo.
martes, 22 de julio de 2008
13/07/2008
Academia general del aire. San Javier.
Siento cómo se despierta en mí la sensación de aproximarse una batalla que, tal vez, se me eche encima. Sin bombas ni armas, pero no deja de ser una guerra interior que se exterioriza de la más absurda de las maneras: morros y mala cara, como cuando de peque te obligaban a comerte el plato de pescado que tanto has detestado siempre, sólo que esta vez tengo unos cuantos años más y estoy comiendo macarrones mientras observo cómo un príncipe (que empieza a desteñirme) mira de reojo a una nueva princesa y a mí, cenicienta que se come los marrones (no macarrones, que ya ni me entran) y aguanta los golpes, no para de recordarme lo poco que le gusto, lo que se arrepiente por besarme o la mala cara que tengo.
Pues no. Lo que no tengo es ganas de luchar. Y menos por él. Esta sensación me vuelve negativa y pesimista, y creo que empieza a cansarme.
El himno de España, imágenes y vuelos acrobáticos de aviones preciosos. Miro. Sonrisas entre ellos. Hablan y se ríen sin parar. Conmigo no. Yo no soy tan interesante.
Ya no.
Sólo soy una persona demasiado buena que necesita un marido que le de hijos, ¿no? Y punto, ya lo ha decidido él por mí. O dejo que así sea o me vuelvo la mala del cuento y mato al príncipe desteñido.
Qué tontería, sigo sintiéndome incapaz.
Me pido mejor desaparecer, total me olvidará pronto, se le da bien, en un parpadeo. Así soy yo, me voy sin dejar rastro.
martes, 1 de julio de 2008
Hay tormenta en mí
Desconozco a qué altura me encuentro pero observo a un Madrid dormido inconsciente de las primeras lágrimas causadas por una tormenta de lluvia que parece que no se decide a descansar por un tiempo. Los truenos juegan a su antojo sobre nuestras cabezas y sólo, de ven cuando, me dejan disfrutar de un momento de felicidad y tranquilidad. Está claro que la cosa se simplifica a ellos o a mí. o yo soy feliz y ellos actúan de vez en cuando (todo hay que respetarlo) o ellos hacen lo que les da la gana y yo, por su culpa, derramo lágrimas y dolor apoyada en una roca gritando en silencio a ese Madrid dormido que se niega a sonreírme y espera despertar mañana para vivir un día más y punto y seguido. Pues qué asco, creo que ya se han decidido. Bueno, ésta será mi roca, esos mis árboles y esto, todo esto será mi vista privada. Así soportaré la tormenta.
